Los Canguros Y Sus “Bolsıllos”
Chicos, ¿no se preguntan cómo un cangurito de sólo un centímetro sabe cuál es el pezón apropiado para él?; ¿no se preguntan de qué modo la madre colocó cuatro tipos de leche en cuatro tetillas distintas?; ¿sabían que la leche de una de ellas es más caliente que la de las otras?; ¿no se preguntan de qué manera la mamá consigue que la composición de cada leche sea distinta?
Bueno, como se pueden imaginar, no es la madre la que tiene que ver con todas esas cosas. Tampoco se entera que la leche y sus temperaturas son distintas. Sólo es una mamá canguro que vive bajo el control y cuidado de Dios, al igual que sus bebés. Es nuestro Señor, el Compasivísimo y
Misericordiosísimo, Quien le ha colocado los pezones en el lugar más apropiado para las crías, es decir, en la bolsa que tiene en la panza, donde pasan seis meses y medio sin salir. Después y durante dos meses y medio están un tiempo allí adentro y otros momentos en el exterior. Luego de los ocho meses ya no entran más a la bolsa pero antes de abandonarla la comparten con un nuevo hermano que empieza a gatear, sin interferirse entre ellos. Cada uno succiona la tetilla que le corresponde. ¿Cómo saben los hermanitos en dónde deben mamar? La respuesta es obvia: es Dios Quien los inspira.
Los canguros infunden temor con sus cuerpos grandes. Desde la punta de la cola hasta la nariz miden unos dos metros y medio. Gracias a sus largos miembros posteriores cubren una distancia de aproximadamente ocho metros en cada salto y mantienen el equilibrio mediante la fuerte cola que poseen. Si piensan que los pies los tienen grandes por casualidad o que a la madre se le ocurrió que podían necesitar los miembros traseros grandes para saltar, se equivocan. Sucede que todo pasa a existir porque es Dios Quien lo crea y dispone del modo más perfecto.
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